Red #Mamá Ejecutiva: ¿Mala suerte o propósito?

Seguro te ha pasado… por algo, en algún momento cuestionas cosas que has vivido y te llevan a una reflexión absolutamente enriquecedora. Te haces la típica pregunta “y… ¿por qué yo?”. Y sin darte cuenta, tienes el por qué en frente… y es un por qué maravilloso, ¿no crees? Yo creo que es importante vivir lo que día a día nos tiene el destino para poder valorar todo lo que tenemos. En red #MamáEjecutiva, me encanta reconocer la labor de mamás ‘multitask’, mamás que nos comparten sus historias maravillosas y están llenas de aprendizajes que nos motivan a seguir adelante a las que estamos en el mismo rol. Es por ello, que en esta ocasión, invito a una adorada amiga, con la que en verdad me quito el sombrero y aplaudo la gran labor que ha hecho como mamá y profesionista; ha vivido altas y bajas y sin embargo, en ella veo a una persona positiva, llena de actitud, de amor y siempre tiene algo lindo que compartir.

Aquí la historia de Celichel López Montalvo, mi amiga ‘dominicana’… ¡Felicidades Cel!

“Para llegar a la vida que actualmente vivo, me gustaría compartirte cómo he llegado hasta aquí, y por qué el título de esta historia es “Mala suerte o propósito”. Tendré que retroceder 12 años, cuando arribé a México DF; un país que para mí era y es ENORME, llegué con muchas expectativas de crecimiento profesional para cursar un Diplomado en Mercadotecnia y posteriormente, iniciar carrera laboral dentro de un proyecto que sin pensarlo, sería el futuro no planeado al que me enfrentaría.

Durante esos años lejos de mi querido país, Republica Dominicana, aprendí a no solo ser más profesional, mejor hija -al abrir más la comunicación con mis padres-, ser mejor persona haciendo y cultivando amistades que hasta la fecha son parte importante de mi familia, si no que sobre todo, aprendí a ser mujer y a demostrar que no importan las circunstancias siempre y cuando sepas de dónde vienes y a dónde vas, para salir adelante; y es justo el punto en el que quiero iniciar mi historia.

Llegué a México DF., un sábado de abril de 2001, para iniciar la aventura de un Diplomado en Mercadotecnia, después de completados los meses que cubría me fue hecha una oferta laboral dentro de un proyecto que apenas iniciaba. Una oportunidad única que no podía dejar pasar ya que mis padres siempre me decían: “Lo que te abre puertas en la vida es hacer carrera y tener un CV que te respalde, así que adelante… tu puedes hacerlo”; yo no me esperaba que una experiencia que iniciaría con un contrato por un año, se convertiría en la puerta que abriría un número de posibilidades profesionales.

Laboré por ocho años dentro de ese proyecto, siempre respaldada por los mejores deseos, palabras de éxito y apoyo de mis padres y amistades tanto en Dominicana como aquí en México, así como de mi empeño en demostrar y aplicar todo lo aprendido durante mis años de estudio y primeros años de trabajo; aún a pesar de estar (en el plano personal) un poco confundida por una relación a la cual había apostado todo, sin dar los resultados que esperaba. Decidí enfocarme en mi trabajo y distraerme en eventos sociales, conociendo otros estados de México y tratando de levantarme y seguir adelante después de esa ruptura, dejando pasar varios años, antes de darme la oportunidad de volver a conocer o compartir mi tiempo y vida con alguien más.

Y fue así, después de un año de relación, comencé a tener los síntomas que me llevaron a hacerme un análisis de sangre, los cuales revelaron que llevaba en mi vientre vida; un momento que sin duda alguna, marcó mi vida, porque a pesar de haber terminado mi carrera, tener un buen trabajo y ser independiente, la noticia no dejaba de ser impactante y me surgieron muchas preguntas: ¿cómo lo iba a hacer?, ¿cómo se lo diría a mis papás?, ¿podría yo afrontar sola este reto?, ¿había tenido tan mala suerte, o fue algo irresponsable o realmente tenía un propósito todo esto?

Después de pensar fría y responsablemente las cosas, tomé la decisión de tener a mi hijo y convertirme en mamá soltera a pesar de las circunstancias, en un país lejos del mío y con la responsabilidad que quizás no sabía que tendría. Fueron nueve meses de aprender cómo iba creciendo y cómo sería tenerlo, de ahorrar y trabajar duro para cubrir los gastos que su llegada conllevaría; y después de su llegada, trabajar más duro para pagar lo que se debiera, así como la guardería y lo que fuera necesario para que nada le faltara. En unos meses, me había convertido en #MamáEjecutiva y había dejado atrás la soltería, las fiestas, los viajes. Ahora veo de frente estos últimos ocho años desde mi embarazo y sus siete años en los que he vivido la experiencia más increíble de mi vida al poder cuidarlo, verlo crecer, hablar, aprender a caminar, correr, convivir con otros niños, mudar sus dientecitos, aprender a escribir y leer, terminar kínder, manejar situaciones de salud serias con él, y poder salir adelante; pero sobre todo, poder decir: “Gracias Dios porque tu gracia nos ha sostenido” y por tantos ángeles que ha puesto en nuestro camino aquí en México, de verdad que no me alcanzaría el artículo para poder expresar mi gratitud.

Ser mamá es una experiencia que te hace crecer valorando la maravillosa oportunidad que Dios nos da: primero de ser madres y segundo, de poder llevar de la mano a un ser humano que bajo tu responsabilidad se convertirá en una persona importante dentro de la sociedad. Y no es que durante todos estos años no tuvo miedos, tristezas, confusión o desaliento, pero si hoy me preguntas si he tenido mala suerte o un propósito en mi vida, en esta vida mi respuesta sería que tengo el más maravilloso propósito del mundo. Es una decisión y responsabilidad que revolucionan tu vida completa y cambia no solo tu tiempo, tus actividades, tus horarios, tus decisiones, tus prioridades y responsabilidades pero te muestran día con día que has tomado la mejor decisión de tu vida, sola o con pareja. Poder vivir el propósito que Dios tiene para tu vida.

Soy Celichel, mamá de Emiliano, soy #MamáEjecutiva y mientras escribo este artículo revivo todos los momentos importantes que hasta ahora he vivido con él, desde abrir sus ojos y sonreír por primera vez, hasta dar sus primeros pasos, caminar, correr, celebrar sus logros y llenarme de satisfacción por la bendición de su vida en la mía y, estoy segura de que seguiremos adelante. Iniciamos una nueva etapa: La primaria. Y sé que cada día será de aprendizaje constante con él, creciendo con él, y moviéndome por él y para él.

Sigamos en esta aventura de #MamáEjecutiva con la mejor actitud, sembrando las bases necesarias, dedicando tiempo para hacerlos personas de bien y lo más importante, agradeciendo a Dios el propósito que ha puesto en nuestras vidas”.

Foto: Cortesía

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Acerca del autor: Patricia Ramírez Díaz (13 Posts)

VP Servicio a cliente en Cohn & Wolfe México. Licenciada en Publicidad, egresada del CECC Pedregal. Con más de 15 años de experiencia en el área de Relaciones Públicas. Apasionada de la vida y su trabajo. Su gran motor son su esposo y sus hijos. Ama pasar el tiempo con ellos, disfrutar cada momento y ser testigo de cada uno de sus logros. Su objetivo diario no es dar cantidad si no calidad de tiempo; sea mucho o poco, deberá ser una experiencia inolvidable. Es amiguera, disfruta de la buena comida y su mejor terapia, es el shopping. Síguela en sus redes sociales.


Patricia Ramírez Díaz

VP Servicio a cliente en Cohn & Wolfe México. Licenciada en Publicidad, egresada del CECC Pedregal. Con más de 15 años de experiencia en el área de Relaciones Públicas. Apasionada de la vida y su trabajo. Su gran motor son su esposo y sus hijos. Ama pasar el tiempo con ellos, disfrutar cada momento y ser testigo de cada uno de sus logros. Su objetivo diario no es dar cantidad si no calidad de tiempo; sea mucho o poco, deberá ser una experiencia inolvidable. Es amiguera, disfruta de la buena comida y su mejor terapia, es el shopping. Síguela en sus redes sociales.

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