Mamá Ejecutiva: Soy mamá y papá, ¡así de golpe!

Sabes, he estado pensando en estos días cual tema elegir para esta columna. Hoy domingo, me desperté más temprano de lo habitual, incluso, les gané a mis hijos, quienes suelen despertarnos -a mi esposo y a mí- con una dotación de besos y abrazos -en el caso de nuestra princesita- o a gritos y con su “hola” por parte de nuestro bebé. Hoy, en especial, hay un amanecer hermoso e inspirador, el cual me ha llevado a reflexionar mucho: ¿Será la época lo que me está moviendo?. No lo sé, pero el caso es que hoy, al ver este amanecer, al sentir esta tranquilidad, me ha hecho pensar en la típica frase: “Después de la tempestad, llega la calma”.

Hace algunos días, tuve la oportunidad de conocer a una #MamáEjecutiva soltera. Ya la había visto en distintas ocasiones, nos cruzábamos en el camino al dejar corriendo a nuestros hijos y al recogerlos. Justo al recoger a mi bebé, la fila del registro estaba algo cargada, así que me puse a platicar con ella: “qué prisas, ¿verdad?”, le comenté; ella súper linda me dijo: “sí, mucha corredera pero mi mayor recompensa es recoger a mi hija”. Así estuvimos platicando, entre preguntas y respuestas, cometí la imprudencia de preguntarle si tendría más hijos y me contestó: “no, no creo, soy madre soltera”. Entonces, me hizo pensar en que de por si, es complicado ser una #MamáEjecutiva, lo es mucho más cuando enfrentas el reto sola. Aquí su historia.

Definitivamente, nadie lo sabe, hasta que lo vive. ¿Es una pesadilla la que estoy viviendo? No, es una realidad. Él decidió marcharse porque tener un hijo es complicado -según él-. Y ahora, ¿qué voy a hacer? Pasó de estar casada, con una hijita, en lo que creía un hogar, al se acabó, en un abrir y cerrar de ojos. De pronto se encuentra sola, en su casa, con su chiquita y con un corazón roto que no le dejaba pensar: “Soy mamá y papá… ¿¡Así de golpe!?”.

Por lo tanto, se encuentra en medio de dos difíciles y determinantes posturas: ponerse a llorar y hundirse en la depresión, esperando que alguien llegue para resolver su vida o levantarse pese al dolor que pudo haber provocado en ella y enfrentar la vida. Hay alguien a quien desafortunadamente, no se le ha pedido opinión y dependía al cien de su decisión. Así que el amor de mamá toma la más difícil pero certera decisión; estaba a punto de enfrentar el mayor de los retos, dejando atrás los miedos e inseguridades.

Entonces, es cuando pasó por distintas etapas: “La incredulidad” que le llevó a decir: “no, ésto no me está pasando a mí, ¡es broma!”. Después “la hermética” en donde decía: “aquí no pasó nada, ¡me pondré a trabajar!”. Y finalmente la típica: “¿por qué a mí?”, “¿por qué a nosotras?”; hoy, ¡seguro entiende el por qué!

Posterior al “shock”, no se podía permitir caer, sabes, la rutina diaria seguía normal a diferencia que lo que solía hacer entre dos lo hacía sola. “No pasa nada”, se decía todo el tiempo. “Yo soy fuerte y podré salir con mi niña adelante”. La actitud con la que empezaría ese primer día, definiría el resto de los demás días. Diario se levantaba y arreglaba todo para llevar a su niña a la guardería y así poder ir al trabajo. Solo su niña y ella guardaban el secreto de lo sucedido. Sabía que el secreto estaba bien guardado, pues la beba no sabía hablar, sólo tenía 11 meses. Te imaginarás que el momento de dejarla en la guardería, era lo peor para ella, tan triste, tan difícil, que no quería despegarse de su niña. Ella era su consuelo, su fuerza, su todo en ese momento.

Aún no sabe de dónde sacaba la fuerza para ir a su oficina y fingir que todo en su vida fluía bien. Siempre, le ha gustado mantener una línea entre lo personal y lo laboral. No puedes anunciar lo que te pasa con cada persona que cruzas palabra, ¿te imaginas si así fuera? Ahí se viven otro tipo de historias y se buscan otro tipo de soluciones.

Afortunadamente, no todo estaba tan mal. En la parte laboral le iba bien, estaba generando éxitos que de algún modo alimentaban su autoestima pero algo faltaba. Entonces, ella estaba con un extraño sabor “agridulce”: “qué ganas de agarrar el teléfono y compartirlo”, pensó pero… no, así que le hablaba a su mamá para contarle. Solía pedirle que le pusiera al teléfono a su chiquita.

Sabía que no podía hablar pero por lo menos le escucharía. Así transcurrieron los días, aún con los problemas que se generan después de una separación, todo fue tomando forma. Así que empezó a tomar terapias de ayuda. Claro, era importante reconstruir lo que estaba devastado por dentro para reconstruir poco a poco y así poder estar tranquila consigo misma y ser una buena mamá para su niña.

En ese momento, no había opción. Ella tenía que trabajar y mucho, fue cuando puso mayor énfasis en ser #MamáEjecutiva. Una personita dependía de ella y no le fallaría. Así que se dio a la tarea de fortalecer el vínculo entre ella y su hijita. Solicitó apoyo en su oficina para definir tiempos y horarios más flexibles para poder estar con ella, sobre todo, tener calidad de tiempo; vivir con ella al máximo, aplaudir sus logros, fomentar mucha comunicación y confianza.

Por alguna razón la vida le ha puesto la prueba mas difícil y la está llevando a cabo. Ver a su niña sana y feliz, no pide mayor explicación. Yo creo que desafortunadamente, un segmento en la sociedad no acepta este tipo de situaciones; aún existe gente que se atreve a juzgar el que una mamá que trabaja no puede ser una buena madre -peor aún- si es madre soltera. ¿Cómo se atreven?

Por esta historia y otras más que cada vez son más comunes, esta columna va dedicada a esa #MamáEjecutiva a quien por distintas circunstancias, es el único pilar para su hijo(s), a esa mujer que ha decidido no sentarse a llorar por su desgracia y ha decidido ponerse de pie y salir a enfrentar al mundo, a esa mujer fuerte que el amor de madre le ha sido lo suficientemente poderoso para ayudarle a vencer cualquier tipo de barreras. A esa #MamáEjecutiva que se ha enfrentado a sus propios miedos, sin detenerse ni un solo momento a decir ¡no podré hacerlo! ¿Ya ves que si? Después de la tormenta, siempre llegará la calma… No importa cuan difícil sea la situación; cuando hay amor, fuerza y decisión… ¡Todo se puede!

Foto: Cortesía

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Acerca del autor: Patricia Ramírez Díaz (13 Posts)

VP Servicio a cliente en Cohn & Wolfe México. Licenciada en Publicidad, egresada del CECC Pedregal. Con más de 15 años de experiencia en el área de Relaciones Públicas. Apasionada de la vida y su trabajo. Su gran motor son su esposo y sus hijos. Ama pasar el tiempo con ellos, disfrutar cada momento y ser testigo de cada uno de sus logros. Su objetivo diario no es dar cantidad si no calidad de tiempo; sea mucho o poco, deberá ser una experiencia inolvidable. Es amiguera, disfruta de la buena comida y su mejor terapia, es el shopping. Síguela en sus redes sociales.


Patricia Ramírez Díaz

VP Servicio a cliente en Cohn & Wolfe México. Licenciada en Publicidad, egresada del CECC Pedregal. Con más de 15 años de experiencia en el área de Relaciones Públicas. Apasionada de la vida y su trabajo. Su gran motor son su esposo y sus hijos. Ama pasar el tiempo con ellos, disfrutar cada momento y ser testigo de cada uno de sus logros. Su objetivo diario no es dar cantidad si no calidad de tiempo; sea mucho o poco, deberá ser una experiencia inolvidable. Es amiguera, disfruta de la buena comida y su mejor terapia, es el shopping. Síguela en sus redes sociales.

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