Mamá Ejecutiva: Náuseas, mareos, sueño y… ¡mi jefe frente a mí!

¿Te suena familiar?

Sabes, justo cuando todo corría perfecto en lo personal como en lo profesional, cuando me sentía toda una #MamáEjecutiva perfectamente equilibrada; mi esposo y yo con el control absoluto de las distintas tareas del hogar posteriores a la jornada laboral del día a día. Ambos, disfrutando a nuestra pequeña princesa al máximo y… ¿qué pasó entonces? Pues, justo mi pequeña “cachito de carne” –como le digo de cariño- empezó a ejercer presión con el típico: “mami, ¿cuándo me va a mandar Diosito a un hermanito?”; no fue una vez, ni dos, ni tres… fueron muchas más, en lapsos cortos y continuos. ¿Has estado en esa situación?

Esto no solo quedó en ella, si no que contagió a mi esposo, así que ambos hicieron una campaña perfecta para engancharme y así les comprara la idea. Siendo honesta, yo también lo ansiaba muchísimo y mi cuerpo lo pedía, ¡en serio! Así que ese era el momento perfecto para “convocar” al nuev@ integrante de la familia. Pese al ‘nervio’ y el ‘cosito’ que me daba, me encantaba imaginar cómo sería nuestra vida con la llegada de un bebé. Era como un tipo pensamiento “extreme”; me entusiasmaba el tema de vivir nuevamente esta maravillosa etapa junto a mi esposo y a mi princesa. ¿Como les diría?: ¡Estoy embarazada!, el ver la carita de felicidad de ambos, imaginarles hablándole y acariciando mi ‘gran’ vientre… Wow.

Para esto, habían dos temas importantes en cuestión: El primero era que me tranquilizaba el que este embarazo lo viviría más tranquilo. Si tu ya has pasado por varios embarazos, no me dejaras mentir; el primero, todo es una completa “duda” sobre todo lo que se refiere a comer, hacer, vestir, hasta hablar. Todo el tiempo me preguntaba “ay, ¿y no le hará daño al bebe?”. El segundo punto que me traía en “jaque” era: “y, ¿qué va a pasar con mi trabajo, con mi desarrollo profesional? Y, ¿si no puedo coordinarme para cumplir ambos roles?, ¿qué tal si estoy a punto de tener una súper oportunidad laboral y yo panzona?”. En fin, dejé que las cosas tomaran su propio rumbo y así transcurrieron algunos meses en los cuales, mi niña realizaba una excelente “campaña maternal” para llenarme de ternura y entusiasmarme aún más con la idea de vivir nuevamente lo “in” y lo “out” del embarazo. No había mañana en la que rumbo al colegio, al pasar frente a la Iglesia me dijera: “mami, ya le pedí a Diosito que por favor nos mande un hermanito y me dijo que ya nos lo iba a enviar ¡ya falta poquito mami!”.

Claro, una cosa es pensarlo y otra es ¡vivirlo! 6 meses después ocurre lo esperado. ¡Imagínate! Justo cuando se dan los ‘grandes’ cambios en la agencia, cuando mayor enfoque debía tener en mi área, cuándo venía el ‘gran reto’ profesional. Un día al llegar a casa, después de haber tenido una larga jornada; me relajaba platicando con mi esposo, mientras preparábamos lo necesario para el lunch de los tres del día siguiente. Mi esposo escuchaba atento, mi plática, la cual estaba llena de contrastes; incluyendo los cambios de humor, un malestar “raro” y una necesidad tremenda de comer ‘dulce y salado’ a la vez… sabes, él sabía lo que estaba pasando -antes de que yo lo supiera- ese día me dijo “flaquita, ¿no estarás embarazada?” yo, obviamente respondí: “cómo crees, en ese caso sería la primerita en saberlo”. La noche del día siguiente, mi chiquita entra a la cocina – ansiosa – y me dice: “mami, tengo antojo de algo”, yo le ofrecí cereal, galletas con leche, jamón, etc. lo que normalmente solía comer, ella me contesto: “es que no sé de qué, pero quiero algo.”.

Eso no era del todo normal en ella, “¿será que si estoy embarazada?” –pensé-. Dos semanas después, luego de haberme realizado tres pruebas, en las que dos salieron negativas, la tercera confirmo nuestras sospechas, ¡prueba positiva!

Posterior a la inmensa alegría de compartir la noticia con la familia, esa felicidad y demás tipo de emociones, llegó la etapa de la duda: “y ahora, ¿cómo se lo digo a mi jefe?”. Guardé el gran momento justo como me lo había sugerido mi doctor, hasta los 3 meses (12 semanas), después de este tiempo, di a conocer la gran noticia. “A esta familia se le suma un nuevo integrante”.

¿Cómo fueron esos meses de silencio? La prueba más difícil, definitivamente. Te imaginas tener una súper náusea y tener a tu jefe frente a ti, platicándote los nuevos proyectos, tus nuevos retos y… no poder correr al baño? Nada mejor que inhalar y exhalar, además de decirme muchas veces a mí misma: “Patty, todo está en tu mente” o qué tal, cuando terminas de comer delicioso, porque, claro, hay que consentirse. Estaba embarazada, por lo que de repente me permitía comer lo que se me antojara, aunque después estuviera en mi escritorio enfrentando la más cruel de las batallas que el ser humano tiene consigo mismo, tipo a las 3 p.m. de lunes a viernes “el sueño”, “la siesta”, “la pestañita”, “el coyotito” o como le quieras llamar; ¡es horrible!, ¿no?

Pasada la prueba de los tres meses y de buscar el mejor momento para sincerarme con mi jefe. Un lunes me habla un buen amigo de la agencia para avisarme que no llegaría a la oficina por que le habían detectado “varicela” pero que no me preocupara porque era contagioso y peligroso solo para las “embarazadas” y yo obvio en “shock”, ¡habíamos trabajado juntos alrededor de una semana previa a su diagnóstico! Así que sin remedio, la feliz noticia se dio en medio de esta crisis. Al final, todos estaban muy contentos de que mi niña tendría un hermanit@. Sin embargo, en algunos de ellos, existía la ‘gran’ duda sobre si regresaría a trabajar o de plano me dedicaría a mi familia y adoptaría el tradicional papel de ‘ama de casa’. Sin embargo, siempre lo tuve claro: “No habrá ningún problema, el bebé podrá ir a la guardería, mientras yo trabajo. Esto le ayudará también a él para ser mas independiente”. Entonces, todo fluyó normal hasta que llegó la siguiente crisis; ¡la ropa ya no me cierra! y ahora ¿qué me pondría para la presentación importantísima que tendría? Afortunadamente la ropa de maternidad ha cambiado. Hace 6 años, los modelos eran muy distintos. Hoy en día hay marcas que tienen una línea para todo: moderna, ejecutiva, casual, coctel, etc. Así que esas marcas fueron mis mejores aliadas para verme y sentirme ¡hermosa! Siempre he creído que el embarazo no está peleado con la vanidad. Una #MamáEjecutiva no debe justificar su mala imagen por los hijos, la falta de tiempo, la crisis económica, entre otros. Una #MamáEjecutiva debe saberse y sentirse hermosa, realizada y feliz. Si no, ¿cómo podría transmitir lo mismo a los suyos?

Mi vida laboral siguió un rumbo normal durante los 6 primeros meses, posterior a esto, llegaron los achaques por dos amenazas de parto prematuro derivado por el estrés y la presión que sueles tener al enfrentar un papel “multi-rol”. Con esto, llegaron los típicos ‘reposo absoluto’. Mira, éste es un tema complicadísimo porque en primera generaba mayor estrés en mi, pensar en como estaría mi bebe y por otro lado, el trabajo; el que mi equipo se quedara solo, perder lo ganado hasta ese momento, entre otras cosas. Aunado a todo esto, ¿que me dices del tramite con el seguro social? Ufff! En fin, pasados estos difíciles momentos, mi panza se convirtió en una ‘mega bola’ ahora sí mi respiración había cambiado, no podía dar mas de diez pasos porque el corazón se me salía y delataba lo cansada que me sentía, aun así continué asistiendo a workshops, juntas, eventos y demás.

Semana 37. Mi bebé aun no quería salir, como, si mi panza era tan grande que él -según los ultrasonidos- se la estaba pasando muy bien, mientras yo… Juro que ya no podía, la espalda me estaba matando. Así que a esperar una semana mas, hasta que llegó el gran momento. El milagro de la vida, mi otro “cachito de carne” y yo nos veríamos las caritas, por fin conocería a ese pequeño travieso que pateaba mi vientre cada dos segundos. Entonces, vendría lo más difícil, tenía en brazos a mi otro “cachito de carne”. ¿Cómo podría dejarlo tan chiquito en una guardería? ¿Podré regresar a trabajar?

Foto: Cortesía

Mamá Ejecutiva: Soy mujer, profesionista y ¡soy mamá! ¿Quieres que te cuente?

Acerca del autor: Patricia Ramírez Díaz (13 Posts)

VP Servicio a cliente en Cohn & Wolfe México. Licenciada en Publicidad, egresada del CECC Pedregal. Con más de 15 años de experiencia en el área de Relaciones Públicas. Apasionada de la vida y su trabajo. Su gran motor son su esposo y sus hijos. Ama pasar el tiempo con ellos, disfrutar cada momento y ser testigo de cada uno de sus logros. Su objetivo diario no es dar cantidad si no calidad de tiempo; sea mucho o poco, deberá ser una experiencia inolvidable. Es amiguera, disfruta de la buena comida y su mejor terapia, es el shopping. Síguela en sus redes sociales.


Patricia Ramírez Díaz

VP Servicio a cliente en Cohn & Wolfe México. Licenciada en Publicidad, egresada del CECC Pedregal. Con más de 15 años de experiencia en el área de Relaciones Públicas. Apasionada de la vida y su trabajo. Su gran motor son su esposo y sus hijos. Ama pasar el tiempo con ellos, disfrutar cada momento y ser testigo de cada uno de sus logros. Su objetivo diario no es dar cantidad si no calidad de tiempo; sea mucho o poco, deberá ser una experiencia inolvidable. Es amiguera, disfruta de la buena comida y su mejor terapia, es el shopping. Síguela en sus redes sociales.

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