Los 30

Aunque pasó hace un par de meses, el trauma sigue siendo el mismo: ¡por fin llegué a los temidos 30! Y como les comenté en la primera columna, mi status sigue siendo el mismo: soltera y, sin lugar a dudas, sin novio.

La verdad, es que la soltería sigue sin ser un tema que realmente me preocupe, pero las presiones sociales siguen. Amigas que te presentan a los amigos de sus novios, amigos que deciden presentarte a tipos que no ven desde la infancia e incluso tías que quieren presentarte a sus doctores (no bromeo). Después de mil salidas, conocer cientos de especímenes y de muchos cafés y cenas llegué a preguntarme si el problema no sería yo.

Es decir, es imposible que en cinco años y después de conocer a muchísimas personas no conozca a nadie que me mueva ni tantito el tapete, así que me di a la tarea de tirarme al drama un rato y buscarme culpas que ni me correspondían.

De acuerdo a mis amigos, mi problema es que soy muy exigente, y cuando pregunto a que se refieren con ello, suelen contestar que porque sé muy bien que es lo que quiero y que no me conformo con menos, por lo que llegó un punto donde quise probar si las hipótesis eran ciertas y decidí aventurarme a salir con dos tipos que ni al caso. Contra todo pronóstico, si bien dichas salidas no llegaron a buen puerto, me ayudó a acomodar todo el relajo mental que traía.

A finales de año me presentaron a un tipo con el que no tenía nada que ver. Carrera inconclusa, no le gustaba la lectura, los museos no los pisaba ni por asomo, la cultura no era su fuerte (incluso llegué a pensar que era un completo tonto), pésimo gusto musical, no me atraía mucho físicamente y parecía que cada que hablábamos éramos de mundos diferentes, en pocas palabras: cero era mi tipo. Pero el tipo se ganó un par de cool points por detallista. El punto es que justo cuando ya empezaba a verlo medio simpático me acabé enterando que no sólo aún tenía novia, sino que aparte tenía mil frees, y además era un facilote de lo peor. Así que quedó borrado totalmente del mapa.

Y justo ahí apareció al que llamaré error #2, aunque no tenía nada que ver con el anterior. Era culto, amante de la ópera, workaholic, amante de la lectura y el cine de arte, inteligente, super estudiado, bien vestido y cosmopolita… pero tampoco era mi hit físicamente, es decir, no es que buscará un Brad Pitt pero no tenía esa química que necesitas para andar con alguien. El punto es que cuando de nuevo intentaba forzarme a ver lo positivo, salió con que el error #2 no sabía lo que quería de su vida, sólo en lo profesional, y lo demás era más complicado que una novela de Borges.

Tras esos dos fracasos “sentimentales” (que me busqué sin estar muy convencida), de nuevo me tiré al drama, y en dos segundos de lucidez me di cuenta de algo: el problema no era yo, yo sabía lo que quería y me esforzaba para conseguirlo costara lo que costara, y el costo había sido mi soltería. Yo no quería conformarme con cualquier tipo porque, a diferencia de muchos, yo sí sé lo que quiero, y en vista de que no lo había encontrado, había preferido estar sola que conformarme con algo que no me iba.

Y lo cierto es que si me fue tan mal con esas dos últimas fue por algo muy sencillo: desde un principio no eran para mí y por forzarme a algo que no me agradaba, me había ido como me fue. A lo que voy con todo esto, es que saber lo que uno desea no es tener expectativas muy altas. Aquí no hablamos de ideales fuera de la realidad: querer a un Andrew Gardfiel con cerebro de Stephen Hawking y que sea tan altruista como George Clooney, porque no está aspectado a la realidad. Pero querer un tipo más acorde a nuestra forma de pensar, nuestra educación o valores no está mal, de hecho por estar haciendo experimentos que de antemano sabemos que no funcionan, es que nos va como nos va.

Mi mamá suele decirme “me encantaría tener tu edad con la experiencia que tengo ahorita”, y es precisamente eso lo que tenemos de ventaja que hace algunos ayeres. Cuando estamos en la prepa o universidad estamos buscando saber quiénes somos y a dónde vamos, y por ello cometemos tanto ensayo y error. Como no sabemos lo que queremos es complicado saber qué buscamos en los demás y en nuestra vida en un futuro próximo. Rara es la persona que tiene bien claro que desea a esa edad, y más escasos aun los que no se tropiezan mil y un veces para averiguarlo.

La ventaja de tener treinta es eso, tenemos la experiencia, pero todo se complica cuando no aprendemos de nuestra historia y de nuestros errores, y, por miedo a la soledad, besamos mil sapos que sabemos que jamás serán el príncipe de cuento que soñamos.

¡Aguas! No quiero decir que todos los hombres están por la calle de la amargura, sino más bien, que siempre hay un roto para un descocido. El perfecto para una, no siempre lo será para los demás, pero debemos de dejar de estar probando todo el menú de la carta. Si probamos una vez el pescado y nos damos cuenta que somos alérgicas, sería ilógico ir a la próxima a otro restaurante y pedir lo que sabemos que nos cae mal, y aquí pasa lo mismo: si no me gustan los celosos, por qué aceptar salir con uno si ya sé por experiencia cómo va a termina, o por qué salir con un fumador si me da asco el olor.

Solo una cosa sí me quedó claro: el problema no eran ellos ni yo, solamente no había compatibilidad y de antemano, todo estaba destinado al fracaso. Saber lo que uno quiere es más positivo de lo que parece, todo radica en que dejemos de tropezarnos con nuestra historia una y otra vez.

Foto: Cortesía

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Acerca del autor: Ainara Astigarraga (22 Posts)

Estudió Periodismo en la FES Aragón, pero su verdadera pasión es la historia, la moda y los libros. Síguela en sus redes sociales.


Ainara Astigarraga

Estudió Periodismo en la FES Aragón, pero su verdadera pasión es la historia, la moda y los libros. Síguela en sus redes sociales.

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3 Respuestas

  1. Joe Opino dice:

    Lo complicado de una novela de Borges es que es inexistente…

  2. Mayixella dice:

    Insinúas que el tema de la soltería no te preocupa, sin embargo has perdido tiempo en conocer “especímenes”, como les llamas. Creo que exiges demasiado de un género que no puedes ni respetar, por eso no encuentras, ni encontrarás a la persona adecuada. Trata de no buscar qué te darán los hombres, es mejor ver qué estás dispuesta a compartirles, porque por lo que veo tiene el ego muy alto.

    Suerte!

  3. Ire Medina dice:

    Yo creo que sí te vuelves muy exigente, sin embargo debemos pensar que no siempre se puede cumplir todo lo que deseamos y es importante saber que estamos dispuestas a eliminar de nuestra lista de requerimientos, es decir, poner requisitos indispensables y requisitos deseables y recordar que mientras mas buscamos, menos encontramos, solito llega lo que es para nosotr@s

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