El amor en la crisis de los 30: El feminismo tiene que morir

Desde el kínder hasta mi segundo año de secundaria estudié en escuelas de niñas y de monjas, por lo que durante mis primeros años de formación crecí con la idea de que los niños eran sucios, maleducados y ruidosos. Fue hasta que entré a una escuela mixta (y laica) que traté finalmente a esos escandalosos y bruscos especímenes; y si bien en un principio, no fueron de mi agrado, con el tiempo me di cuenta que no todo era como yo creía.

Para empezar, en mi familia somos puras mujeres y existe el matriarcado, me educaron con la idea de que los hombres eran machista, infieles y groseros. A mis 14 veía el “feminismo” como una corriente en busca de la emancipación femenina, ideas que buscaban que la mujer fuera igual ante la ley y la sociedad que el hombre; pero curiosamente con el paso del tiempo me avergonzó decir que era “feminista”.

Una feminista es lo mismo que un machista, no hay más. Son aquellas que ven a los hombres como enemigos, los tachan de inútiles, patanes, tontos, cerrados y el origen de todos nuestros males.

Las feministas son aquellas que ven a Adán como el peor enemigo de nuestro género por la sencilla razón de no tener fuerza de voluntad ante los encantos de Eva y morder la bendita manzana, lograr que nos expulsaran del Paraíso y además, por tentar al fácil de Adán, también tenemos que sufrir al dar a luz… Aunque no estaría mal tener a quién echarle la culpa de sufrir dolores de parto, al final este tipo de discurso es tan malo y ridículo como el machista.

Por más que queramos sentirnos iguales o superiores al género opuesto, deberíamos de empezar a entender que somos completamente diferentes y que esas diferencias no tienen nada de malo; de hecho el machismo pasivo tiene incluso más ventajas para nosotras que el feminismo.

Las famosas feminazi son un intento bizarro de mujer con características y moral masculina, cayendo en lo absurdo y perdiendo la esencia de lo que nos caracteriza, así que acaban manifestando que nuestro sexo debería de parecerse más al opuesto.

Como comentaba anteriormente, el machismo pasivo nos da un sinfín de beneficios: nos permite safarnos de una multa por solo hablarle bonito a un policía, hace que los hombres nos den el paso más rápido al cruzar la calle e incluso hasta en el hundimiento de un bote, tenemos preferencia por encima de ellos, ¿así que por qué ser feminazis?

Una cosa es querer igualdad de derechos y que se nos reconozca que somos igual de capaces qué un hombre, y otra es ridiculizarlos, satanizarlos e incluso odiarlos, porque estaríamos realizando la misma violencia de género que hemos criticado por siglos.

Tanto nos hemos esforzado por demostrar a los hombres que podemos ser como ellos que se nos ha olvidado a nosotras mismas demostrarnos que estamos conformes con nuestro sexo y manifestarlo al mundo. Hemos dejado en claro que podemos ganar nuestro propio dinero, mantenernos, cuidarnos y defendernos sin ayuda, ser independientes física y sexualmente…como lo hacen los hombres.

Ser tierna, cariñosa, sentimental, vulnerable no tiene nada de malo, admitir que desde que tenemos memoria hemos pensado en el día de nuestra boda o que nos encantaría formar una familia no nos hace ridículas ni tontas. La sensibilidad es una parte esencial de nuestra femeneidad, de hecho son muchos los hombres que admiran esa cualidad en nosotras, y ellos no han sido los que han satanizado esas características, sino nosotras mismas.

La maravilla de ser mujer va más allá de demostrarle al género opuesto quiénes somos y de qué somos capaces, para ser “maravillosas” debemos creérnoslo primero nosotras mismas. Dejar atrás discursos llenos de rabia y dejar de buscar una supuesta igualdad que de antemano no existe.

Un hombre jamás podrá dar a luz y una mujer jamás tendrá la misma fuerza que un hombre, en el momento en que aprendamos a respetar esas diferencias y dejemos de pelear por ellas la vida en el mercado sentimental será más sencilla.

Foto: Cortesía

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Acerca del autor: Ainara Astigarraga (22 Posts)

Estudió Periodismo en la FES Aragón, pero su verdadera pasión es la historia, la moda y los libros. Síguela en sus redes sociales.


Ainara Astigarraga

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2 Respuestas

  1. Nathaly dice:

    Me parece que debiste haber investigado más el tema antes de exponerlo y difundirlo, ya que a lo que te refieres se llama HEMBRISMO. Lo que planteas de aprovechar nuestra posición de mujer para obtener condonaciones y privilegios, nos regresa a la idea simplista de que somos objetos sexuales, incapaces de obtener cosas o alcanzar metas, por la inteligencia y la capacidad intelectual. Ojo con lo que escribes. Hay que leer más. Aquí te dejo un texto mucho mejor. http://haikita.blogspot.mx/2011/05/la-teoria-queer-el-fin-de-las.html

  2. AMIB dice:

    Hola! Primero te felicito por tu columna, desconozco si son o no los términos correctos pero para mi la idea es clara y precisa, soy licenciado en derecho, piloto aviador y músico, nunca había escuchado ni leído el término hembrismo, lo busqué en el DRAE pero no aparece, así que te felicito por tu forma de escribir, ya que no se hace tedioso con muchos términos trabajados y exagerados, creo se cubre el objetivo. Saludos!

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