El amor en la crisis de los 30: Del miedo a sentir y otras fobias

Desde hace algún tiempo me casé con la frase “love the game, never the players” porque sentía que era una de las frases más sabias que había escuchado. Me la dijeron cuando había pasado por mi “GRAN” primer truene, y era la solución perfecta para no volverme a destrozar el corazón.

Eso de buscar no clavarse y sólo dejarse llevar hasta cierto punto es una forma segura de protegernos a nosotros mismos, y tener un cierto control sobre nuestras relaciones. El problema radica en que, aunque queramos negarlo, siempre queremos encontrar a esa persona idónea para compartir nuestra vida.

El dilema está en que si siempre buscamos no clavarnos, y sólo encariñarnos, nos alejamos de nuestro objetivo principal: ser amados; y podríamos estar dejando pasar a nuestra posible “media naranja”.

Y así como lo comentaba, tuve un par de novios, pero ni pensaba en el futuro ni daba más de mí de lo que fuera necesario. Eran relaciones transitorias, superficiales, donde no te emocionas de más y no apuestas demasiado tus sentimientos ni sueños.

Curiosamente cuando menos lo esperaba, me clavé. Fue de esos flechazos que nos hacen volvernos pubertos, sentir mariposas en el estómago, emocionarnos con cada mensaje, ponernos nerviosos cada vez que vemos a esa persona y que nos permite soñar de más. El problema fue que esa relación idílica, salida de una novela de Jane Austen, me duró poco menos de un año, y dejó un corazón roto, sentimientos encontrados y un montón de sueños a largo plazo que estaban destinados a no suceder.

Lo cierto es que tal vez ha sido la única relación que me ha costado superar, e incluso, que me costó aceptar su fin, ¿cómo aceptar que aquella persona que me había hecho dejar aún lado la razón decidía irse, y más cuándo había intentado hacer todo bien? A casi cinco años de la ruptura, aún no encuentro la respuesta a qué fue lo que sucedió, y tal vez por eso después me costó mucho trabajo confiar en el sexo opuesto.

Cuando uno racionaliza sus relaciones dejando el corazón de un lado siempre entiende qué es lo que sucede, qué hace uno mal, sus fortalezas en la relación, e incluso, qué actitudes moderar. Pero cuando uno se deja llevar, uno solo es. El control, la manipulación y los sentimientos que siempre habíamos tenido en stand by hacen catarsis y solemos entender poco de lo que hacemos, y no nos importa, porque sólo nos interesa estar a lado de esa persona. Pero, si perteneces a este consagrado y racional gremio, seguro te costó volver a rearmarte tras finalizar el cuento de hadas.

Al romper con ese alguien tan especial nos enfrentamos a una situación más complicada que  levantar a Hiroshima y Nagashaki tras la bomba atómica, ya que implica reconstruirnos a nosotros mismo y entender que aquel futuro que habíamos idealizado, no pasará.

Admito que me encantó estar enamorada por primera vez y sentir que no es necesario ni tener todo el control ni protegernos todo el tiempo. Pero siendo honesta, a cinco años de mi fairy tale, me ha costado superar mi miedo a que de nuevo me pase lo mismo, y cuando por fin me decidía salir con alguien, era más fría y racional que en mis años mozos: la fobia a clavarme de nuevo, confiar y permitirme soñar se había apoderado de mí.

Hace apenas unas semanas acepté salir con alguien con el cual no tenía mucho en común, no era mi “tipo”, pero contra todo pronóstico, algunas actitudes y acciones me ganaron más que muchos que eran mi ideal. Para no hacer el cuento tan largo, el susodicho hizo que poco a poco confiara de nuevo y decidiera dejarme llevar un poco más de lo normal, tristemente, este date no llegó a buen puerto, pero me hizo recordar todas las cosas que me habían gustado de estar ilusionada e incluso clavada, y si las cosas no hubieran acabado un poco mal, puedo asegurar que me hubiera dejado llevar casi a la par como hace un par de años.

A lo que quiero llegar es que mi frase favorita estaba equivocada, guardar el corazón en una bóveda no es la mejor opción si lo que queremos es tener una historia de amor digna de ser contada. A veces hay que apostar un poco para lograr nuestros objetivos, seguramente algunas batallas las perderemos, pero serán las experiencias que nos hagan mejorar para la que seguramente será nuestra historia final.

Foto: Cortesía

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Acerca del autor: Ainara Astigarraga (22 Posts)

Estudió Periodismo en la FES Aragón, pero su verdadera pasión es la historia, la moda y los libros. Síguela en sus redes sociales.


Ainara Astigarraga

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