Aprendiendo a ¿crecer?

Desde hace varios meses no he escrito en esta columna. En un principio se debió a mi ingreso en la jungla Godínez, el cual había postergado; y dos, tenía novio, el cual absorbía gran parte de mi tiempo.

Si bien dure poco menos de cuatro meses, la experiencia resulto reveladora. Para empezar, lo conocí en el edificio de mi oficina, así que el ser Godínez había sido una ventaja en ese momento. Pero empecemos por el principio. Tras durar cinco años en soltería, comenzar una relación parecía cosa sencilla: según yo, ya había aprendido de mis experiencias pasadas y no habría tantos errores como en las anteriores. Comencé siendo altamente honesta, sin ocultar mi pasado, mi forma de sentir, inseguridades y no siempre mostrando mi mejor cara, porque al final, aunque en los primero meses buscamos siempre dejar la mejor impresión, siempre se me ha hecho un poco deshonesto a sabiendas que tarde o temprano conocerá otras partes de mi persona que no son tan cool.

Pues bien, el tipo en cuestión fue recíproco, y nos acabamos clavando muy rápido. ¿Entonces por qué dure cuatro meses? Sencillo. A veces solemos querer analizar todo lo que sucede basándonos en experiencias anteriores lo cual no es nada sano; y a eso, hay que aumentarle que sabía, después de intensos análisis, qué cosas habían llevado a mal fin mis relaciones anteriores, pero jamás analicé el origen de esas actitudes. Saber quién somos en cuestión de gustos y preferencias es cosa de niños: solo es necesario aprender a conocernos, el problema es, ¿qué pasa con esos pequeños demonios que hemos cargado a lo largo de nuestra vida y nunca los hemos superado?

Todos tenemos un pasado, y de igual modo, todos tenemos cosas que nos han llevado a ser quien somos. Pero existen hechos o situaciones que nos han marcado. Algunos tienden a afrontarlos desde un principio, otros tienden a vivir todo el tiempo sobre lo que les sucedió, pero habemos otros que aparentamos que esas situaciones son prueba superada sin darnos cuenta que lo exteriorizamos de maneras poco sanas, en mi caso en especial era hacer berrinches y buscar fallos donde no lo había.

En un principio, mi ex intentó arreglar todos los desperfectos que yo encontraba y darme gusto, pero al final, no hay hombre en sus cabales que aguante recriminaciones todos los días. Tardé como una semana tras cortar para darme cuenta de ello, y ahora me pregunto: ¿Por qué lo aguanto? La respuesta era más fácil de lo que creía: simple y sencillamente me quería. Eso me llevó a pensar que podíamos solucionar las cosas, pero con el tiempo, me di cuenta que tanto drama había generado en tan poco tiempo había hecho que la persona se desencantara por completo.

Podría justificar mis acciones con los defectos de mi ex, pero siendo sincera, tenía defectos como todo el mundo, pero eran parte de lo que me hicieron enamorarme como lo hice. Lo cierto es que el problema estaba 100% en mí. Ahora bien, la depresión post- “me tronaron” me llevó no solo a lágrimas cual Magdalena y ver “Desperate Housewives” mientras comía helado, sino a pensar todo lo que había pasado, y de una forma bastante curiosa, llegué a la conclusión que no sólo actuaba así con él, sino el ser berrinchuda, ocultar mis emociones y encontrar siempre los fallos, eran parte de mi modus vivendi, y por ende, habían afectado mis relaciones familiares y con mis amistades en diferentes momentos.

Si bien me di cuenta que mi ex jamás regresará, lo único que quedó de positivo tras el temido truene es que empecé a analizarme a mí, no en un contexto de pareja sino en mí como persona, y ello me llevó a comprender parte de mi entorno y ver que muchas situaciones que actualmente son negativas han sido generadas por mí como consecuencia de mis acciones. Y si bien, darme cuenta de ellos ocasionó una reverenda catarsis tras kilos de chocolate, cientos de cigarros y horas de música deprimente, decidí enfrentar todas esas cosas que según yo estaban en el olvido y busqué reivindicarlas.

El qué estaba mal de mis acciones fue sencillo, solo fue necesario ser honesta conmigo misma dejando de justificar mi forma de actuar. El cómo aún es una parte que no me queda tan clara, pero una cosa si es segura: no puedo componer mi pasado pero sí buscar entenderlo para así mejorar yo, no para estar con alguien o hacer felices a los que me rodean sino para ser feliz yo y dejar a un lado el drama así como las situaciones non gratas.

Las personas tenemos una capacidad infinita de levantarnos tras situaciones que nos duelen, y aunque cuesta y parece imposible, a veces es más sencillo de lo que parece. Asumir la responsabilidad de nuestras acciones es el primer paso. No puedo controlar el hecho de que mi ex quiera regresar en un futuro, pero si puedo mejorar y empezar a afrontar las cosas que me han hecho quién soy.

Al final todo es tan sencillo como ser honesto con uno mismo y conocerse, solucionar las cosas que nos han afectado y comenzar a ver las heridas que tenemos y tratarlas para ayudar a que cicatricen y no queden abiertas, porque al final, esas heridas tendrán consecuencias en nuestra forma de concebir el mundo y nuestra interacción con el mismo. Y quien sabe, a lo mejor en mi siguiente relación, aunque sinceramente aún no me encanta esa idea, sea mucho mejor.

Foto: Cortesía

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Acerca del autor: Ainara Astigarraga (22 Posts)

Estudió Periodismo en la FES Aragón, pero su verdadera pasión es la historia, la moda y los libros. Síguela en sus redes sociales.


Ainara Astigarraga

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